Blog de Araseventos

Noviembre 16, 2009

EL PRÓXIMO 5 DE DICIEMBRE ARASEVENTOS INAUGURARÁ SU BELÉN

Archivado en: iglesia — arasdelosolmos @ 6:34 pm

SANY0103 BELÉN MONUMENTAL. Situado en la Calle el Moral nº 33 de Aras de los Olmos. Apertura 12 horas del día 5 de Diciembre y contaremos con la presencia del Cura Párroco D. Francisco Ferrer Tapia para su bendición. Los horarios de visitas serán los viernes de 16 horas a 20 horas y sábados, domingos, y festivos de 12a 14 horas y de 17 a 20 horas, resto de días solo grupos con cita previa al 666503427. o Gmail. araseventos@gmail.com
Historia del primer Belén. y el primer Belenista. en el año 1223, San Francisco de Asís quiso reproducir en una cueva el establo donde nació Jesús en las Navidades De 1223, cuando el animo de San Francisco se encontraba todavía afligido por las dificultades de sus religiosos, acepto la invitación del Señor Feadal de Grecio, convertido por la predicación del Santo. Pensó celebrar la Festividad del nacimiento de Jesús en las grutas de una montaña escarpada. Pidió a su amigo que Reprodujese en una de ellas la cueva de Belén. Tal como inspiraba su imaginación creadora y poética.Anunciación ” Quiero Recordar al Niño que ha nacido en Belén y ver con mis ojos las dificultades de su infancia necesitada, como Reposaba en el pesebre y como, entre el buey y la mula, fue Recostado en la paja”.
En noche buena , hombres y mujeres de todas partes acudieron a la cueva cantando, con cirios y antorchas en las manos, Celebraron Solemnemente la misa. Francisco, junto al nacimiento, canto el Evangelio y predico su voz dulce y sonora. Junto al primer Belén de la Historia se Reproducía un nuevo nacimiento. Un hombre de los presentes vio o se imagino a Jesús Acostado en el pesebre ya Francisco, inclinándose hacia él y despertándole.
Por este motivo amigos es San Francisco de Asís el Patrón de los Belenistas de todo el Mundo. Entre los santos y los hombres Ilustres que an tenido un singular culto por la naturaleza, como magnifico don de echo por la humanidad se incluye juntamente a San Francisco de Asís. Como creador y como patrono de la Ecología. Un maestro Belenista me contó la historia, porque hacer un Belén, es imaginar, crear, y plasmar las escenas en arte. Colabora DiputaciónColabora Diputación

Noviembre 25, 2009

PUERTO DE VALENCIA SIGLO XIX

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:33 pm

Puerto siglo XIXPUERTO DEVALENCIA 2009 El puerto de Valencia tuvo su mayor auge a partir de los últimos años del siglo XIX y el primer tercio del siglo , gracias XX, gracias a la expansión de las exportaciones de vino y de naranjas. Por culpa de los aterramientos, los Buques tenían que ser cargados por medio de gabarras que se cargaban en los diques y posteriormente las trasladaban a los barcos anclados en medio del puerto. Este problema no se solucionó hasta la ejecución del proyecto Maese, que contemplaba el desvió de la desembocadura del río y la construcción del dique del Turia. En la fotografía 1912, una gabarra se dirige, cargada de cajas, hacia el buque que las tiene que exportar.

Aras de los Olmos enciende la hoguera a su Patrona Santa Catalina

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:30 pm

La hoguera Santa CatalinaHoguera 24/11/2009 Día 24 a las 21 horas volteo de campanas y encendido de la hoguera buena noche para estar al rededor de la hoguera algunos cenaron mientras los niños tiraban gasones de arena para ver si la hacían caer la leña, como se ve en la foto ardió perfecta, hoy dia de Santa Catalina buen dia alas 9 horas ya estaban cojiendo sitio para los calderos, 12 horas misa a la patrona, y a las 14´30 todos a comer gachas menos calderos que en verano, menos personas pero an salido las gachas muy buenas, no a faltado ni gachas, ni carne ni vino, así un dia perfecto de Santa Catalina.

Noviembre 23, 2009

Las Plantas Medicinales de la Abuela Genara

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 8:01 am

Hierba de la Plata Mesembryanthemum crystallinum L. (Aizoáceas). Descripción: Hierba cubierta por numerosas papilas traslucidas que le dan aspecto escarchado. Hojas inferiores opuestas y cortamente pecioladas, las superiores alternas y sésiles. Flores solitarias, axilares, con numerosos pétalos acintados, de color blanco, maculados de rosa en ocasiones.
Ecología: Suelos secos y nitrificados, de textura margosa o arenosa. Es rara y escasa en nuestra Comunidad apareciendo únicamente en zonas cálidas con clima seco o semiárido.
Parte utilizada: Sumidad aérea.
Principios activos: Mucilágos.
Acción fisiológica y usos: Demulcente, empleándola por vía externa para empleados hidratantes y suavizantes de pieles secas secas y agrietadas.

Noviembre 22, 2009

FIESTA SANTA CECILIA ARAS DE LOS OLMOS

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:44 pm

AÑO 1963 LA BANDA SANTA CATALINA

AÑO 1963 LA BANDA SANTA CATALINA

Aras de Alpuente uno de septiembre da el primer paso en la calle la banda de aras como muestra la foto. El acto inaural de esta nueva agrupación musical incluye la bendición de la bandera, y en el mismo actuarán de padrinos de honor el Alcalde Bernardino Alba Sebastián y la señorita Paquita Giménez Andrés, de distinguida familia arense y cuyo padre tanto se ha sacrificado en la noble tarea de dotar a nuestro pueblo ha este grupo de jóvenes de instrumentos para la cultura del pueblo.
Es una de las realizaciones conseguidas este año gracias a Dios y al tesón de su director Antonio Gimenez Garcia, y sus colaboradores, señor Cura Rafael Vicente Romeu, el Maestro don Celestino Capella Zurriaga, y a la colaboración económica del Ayuntamiento, para el instrumentos y para el año que viene se an enca.rgado los trajes para todos los músicos.
El acto de la innauración de la bandera, que oficiará el Cura, Párroco D.Rafael Vicente Romeu, constituirá el acto principal de las Fiestas Patronales del presente año y se celebrará el próximo dia uno de Septiembre a las 11 horas. La Asociación Cultural araseventos. Quiere recordar a la Unión Musical Santa Catalina en el dia de Santa Cecilia Patrona de los músicos

II Certamen de Relatos Cortos en Alcublas

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:24 pm

Noviembre 19, 2009

Trabajos y Historia de las Labores de la Tierra de Antaño de Aras

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 4:47 am

Procede señalar que el término municipal estuvo anteriormente dividido en dos zonas conocidas con el nombre de “añadas” y que cada año se sembraba una de ellas. A la otra, llamada de barbechos, se la preparaba mientras tanto para la próxima siembra aplicándole las labores y cuidados correspondientes. La primera labor y la más costosa, “barbechar”, consistía en darles la primera labranza a las tierras de rastrojos. La segunda labor, “binar”, requería menos esfuerzo y tiempo toda vez que la tierra no había alcanzado a endurecerse y de que en este caso se trataba de formar lomos en las tierras fértiles cuya arada anterior se había realizado a manta. (así creo que se decía) Cuando las labranzas anteriores resultaban insuficientes y el tiempo disponible lo permitía había fincas que se les aplicaba una labor más “terciar”. Con estas labores quedaban dispuestas las parcelas destinadas a la siembra de trigo, centeno y, ocasionalmente, alguna cebada temprana. Haciendo honor al viejo refrán que rezaba: “La Virgen de septiembre, el que tenga trigo que siembre”, dicha faena se realizaba después de la recolección, generalmente en el ya citado mes y parte del de octubre. La cebada temprana se sembraba siempre en las tierras de buena calidad; el centeno en las de peor categoría y el trigo en ambas y en las intermedias. A las tierras donde se sembraba el “tardío” (cebada y avena) se les aplicaban dos labores más entre los meses de febrero y marzo; época en la que muchas fincas estaban encharcadas a tal punto que la yunta se hundía hasta los corvejones y más de una vez las abarcas del labrador quedaban enterradas en el barro. En estos casos la labor se tornaba extremadamente dificultosa, y el riesgo de que el “barrón” del arado lastimara a alguna de las bestias estaba siempre latente. Todas estas labranzas se realizaban con los medios primitivos entonces al uso: la clásica yunta de machos o mulas y el arado común. Consecuentemente demandaban mucho esfuerzo y resultaban poco productivas.

La avena, al igual que el centeno, se sembraba generalmente en las tierras de peor calidad, motivo por el cual había porciones de las fincas donde el desarrollo del cereal era tan escaso que la siega del mismo resultaba un trabajo por demás ímprobo e improductivo. En estos casos dichos espacios eran destinados para alimento de las caballerías. La cebada, por el contrario, se sembraba casi siempre en las parcelas de tierra profunda y buena calidad. Además, estas últimas se abonaban con los excrementos provenientes del ganado ovino, o de caballerías acumulado en las cuadras, que se llevaba a los estercoleros. El estiércol de las caballerías propiamente dichos se generaba al aire libre mezclando la paja que sobraba, una vez llenos los pajares, con los excrementos del ganado mular y porcino y dándole vueltas de tanto en tanto hasta que alcanzaba el grado de pudrición correspondiente. En algunos casos también se abonaban las fincas con productos químicos. La tarea de dar vuelta al estiércol siempre me resultó por demás incómoda, y no tanto por el esfuerzo que la misma demandaba, que no era poco, si no por la desagradable sensación de calor, olor y ahogo que producían las estercoleros provenientes de la putrefacción. Tanto es así que hoy, cuatro décadas después, si bien recordar aquella labor aún me produce idéntica sensación. En ambos casos el estiércol era después trasladado a las fincas a lomo de las caballerías, cada una provista del correspondiente “serón”. Con la carga que transportaba cada bestia se formaba un montón y estos se distribuían por la parcela, siempre a la misma distancia, hasta completar el espacio ocupado por la misma. El siguiente paso consistía en desparramar la “basura” (así se la denominaba comúnmente) en forma pareja por la finca para después proceder a sembrar la cebada.

Al igual que en otros muchos puntos del término municipal , estas fincas eran en su mayor parte angostas y largas; apropiadas, en consecuencia, para que los labradores se lucieran trazando surcos parejos y “derechos como una vela”, sobre todo en las fincas que se hallaban a la vera de los caminos. En estos casos era donde todos se esmeraban por dejar su sello personal en la labor realizada, pero no siempre el resultado estaba en consonancia con los deseos. En rigor de verdad había algunos profesionales cuyas parcelas hacían el arte por su excelente “bordado”; contemplar la obra era, en mi opinión personal, un regalo para los ojos de todo labrador que se preciara de tal. Como en todos los oficios también en éste existía cierta rivalidad naturalmente sana entre los vecinos de fincas, en su afán de no desentonar con los ocasionales linderos. Con las pertinentes disculpas por si me olvido de alguno de ellos o tergiverso el orden en el que debiera figurar cada cual, voy a dejar constancia de los que, a mi juicio, se destacaban por su buen hacer y profesionalidad: Ramón Sebastián Giménez, Juan José Izquierdo Yuste, Francisco Pérez Montesinos. Campeones en el concurso de labranza el día de San Isidro Patrono de los labradores. El éxito logrado en la realización del trabajo dependía a veces del comportamiento observado por la yunta. Si la misma “desgarraba” o alguna de las caballerías se salía constantemente del surco, algo que solía ocurrir cuando el paso de la yunta no era acompasado, difícilmente la tarea fuera realizada a satisfacción del labrador.

Hace ya varios años se llevó a cabo la tan mentada y por aquel entonces discutida Concentración Parcelaria. Como su nombre indica, la misma tenía por finalidad evaluar la cantidad de hectáreas de primera, segunda, tercera cuarta… categoría que conformaban las distintas fincas que cada vecino tenía diseminadas por el término municipal, para después concentrarlas en cuatro cinco parcelas cuya extensión y categoría se correspondiera con las anteriores. El procedimiento estuvo a cargo de una junta de técnicos y vecinos (hombres buenos, podríamos decir) preocupados por realizar la tarea de la forma más equitativa posible. A la luz de la realidad el resultado negativamente, fueron pocos los que en un principio estuvieron en desacuerdo con el mismo. Dicha postura tenía que ver más con el valor afectivo que con el material y hasta era comprensible habida cuenta que pasaba a otras manos la propiedad de tierras que habían pertenecido a la familia desde tiempos inmemoriales. El descontento estaba también relacionado con el extravió de algunas parcelas ubicadas en la cercanía del pueblo.

LABORES AGRARIAS EN PRIMAVERA VERANO.

A la zona sembrada también había que aplicarle algunos cuidados que a veces resultaban largos y costosos por sus características. Uno de ellos (escardar) se llevaba a cabo en los meses de primavera y tenía por finalidad cortar los cardos que habían crecido entre los cereales, para facilitar el corte de las mieses. En esta tarea se usaba la horquilla y la azadilla. Como se desprende de su nombre, la primera venía a ser una especie de vara cuyo extremo inferior, terminado en V, aprisionaba el cardo que después era cortado por la azadilla, otro palo del mismo tenor provisto en su parte inferior de una pequeña chapa en forma de L con filo en los dos extremos más cortos. La labor en sí no demandaba gran esfuerzo, pero era, a mi juicio, una de las más aburridas y desagradables entre las inherentes al oficio de labrador; sobre todo cuando la misma debía realizarse en hazas plagadas de cardos y bajo un sol que pesaba como losa de plomo sobre la humanidad de los escardadores. La faena de recolección (siega) solía durar más o menos un mes y comenzaba en los últimos días de junio o primeros de julio; su duración dependía de la cantidad de hectáreas que cada vecino tuviera sembradas o de la mano de obra que estuviera dispuesto a emplear, de ser ello necesario. En casi todas ocasiones la labor era realizada por el grupo familiar, pero algunos casos se contrataban uno o varios peones por un número determinado de días. Dichos obreros eran en la mayoría de los casos profesionales que habían terminado, o la recolección era más tardía. Con ellos se compartían desafíos a medir resistencia y habilidad en el uso de la hoz y la zoqueta, herramientas empleadas entonces por los segadores. El lugar donde se iba a segar se llamaba “tajo” y el mismo estaba conformado por los segadores, el atador, el acarreador, las caballerías que se utilizaban para transportar sobre su lomo la mies a las eras y, finalmente, por el ropero; así llamado al conjunto de enseres propios de la faena: mantas para resguardarse de la lluvia y/o granizo en caso de tormenta, hoces y zoquetas de repuesto, y dos o tres alforjas conteniendo los botijos y botas con su correspondiente provisión de agua y vino (frescos solamente recién llegados del pueblo) para “regar” de tanto en tanto el garganchón de quienes componían el tajo, seco por el calor a veces asfixiante y el polvo que se desprendía del rastrojo. La cantidad de mies que cada segador abarcaba con la mano, provista de la correspondiente zoqueta: un pedazo de madera hueca terminado en punta curva en el cual el segador introducía los dedos corazón, anular y meñique para protegerlos del filo de la hoz, se le decía manada y era depositada en él rastrojo, siempre en el mismo lugar, hasta formar una gavilla. Con estas, a su vez, se formaban los “fajos”, (haces) tarea reservada al atador en la que debía procurar que el peso de los mismos fuera del mismo tenor para que la carga de los mulos que los transportaban hasta la era se mantuviera nivelada. Así y todo, rara era la vez que el encargado (acarreador) de conducir los animales cargados hasta la era, descargarlos y regresar al “tajo” presuroso para repetir la operación tantas veces como fuera posible, no tuviera que recurrir a alguna piedra para enderezar la carga Los haces propiamente dichos se hacían en todos los casos cuando se segaba trigo y centeno; tratándose de avena o cebada solamente cuando el largo del cereal lo permitía. El acarreador cuya misión era sujetar firmemente los 4-5-o 6 fajos que de acuerdo a su peso o tamaño se cargaban en cada costado del animal. La jornada comenzaba a la salida de del sol y se prolongaba hasta después de ponerse. En ese ínterin era de rigor hacer cuatro comidas: el almuerzo, los bocadillos, la comida y la merienda. Por la noche se cenaba en la casa. Después de cena, las cuadrillas de peones solían reunirse en la taberna o en las calles céntricas del pueblo para comentar los pormenores de la jornada, tomar algunos tragos y amenizar la reunión con las canciones típicas de la zona Tampoco faltaban los comentarios de estas reuniones, que casi siempre se prolongaban más de lo aconsejado por las circunstancias teniendo en cuenta que al día siguiente nuestras facultades estarían disminuidas para enfrentar la dura y larga jornada que a todos nos esperaba, solíamos tomar parte algunos mozos del pueblo; por supuesto, con la desaprobación de los mayores de la familia, preocupados por las horas que le robábamos al sueño reparador de nuestras energías.

Una vez concluida la faena de siega, y ya con toda la mies en la era, llegaba el momento de acondicionar o proveerse de los pertrechos inherentes a la labor de trilla. Esta tenía por finalidad triturar la mies para desgranar las espigas. Al igual que en las faenas de labrar también en este menester el principal estaba a cargo de una o varias yuntas de machos o mulas, con la diferencia de que no se uncían ni tiraban del arado como en la anterior. En la ocasión, y provistas también de las correspondientes colleras para sujetar los “trillos” a las que se enganchaba el “trillo” para ser arrastrado por las caballerías, ésta debía dar constantemente vueltas por la “parva” hasta que la mies se hallaba convenientemente molida. La yunta era guiada por el “trillador” a través del cabestro de la caballería que iba “adentro” (así se decía). El cabestro de la que iba “afuera” se ataba al cuello de la anterior, viéndose por lo tanto obligada a seguir el paso, y a veces el trote o la carrera marcada por el trillador de acuerdo a las urgencias. El trillo propiamente dicho era una especie de tabla ancha y larga (1,20 x 2´20 m. aproximadamente) que en su parte inferior poseía varias sierras dentadas y gran cantidad de piedras de pedernal con filo. La parte superior era ocupada por el encargado de conducir la yunta por los lugares donde la mies estaba menos trillada y de avivar el paso de las bestias cuando las circunstancias así lo requerían. (Ver fotos de nuestra comarca, correspondientes a la siega, la trilla, el acarreo, etc.

Habida cuenta que el trillo molía solamente la parte superior de la “parva”, cada tanto era menester dar vuelta a la misma para que la mies menos trillada saliera a la superficie. Esta labor se realizaba con horcas de madera y era una de las que requería mayor esfuerzo y habilidad, sobre todo cuando la mies estaba en “rama”; es decir, casi entera. Cuando la “parva” ya estaba convenientemente trillada se usaba la pala y una vez terminado se procedía a recogerla. Para ello se usaba la yunta uncida y la rastra: una tabla larga y ancha provista de esteba en el centro y cuatro sogas, atadas al “barzón” del yugo, para ser arrastrada por la yunta. Esta, salvo raras excepciones, era guiada por una persona cuya misión consistía en procurar que la “parva” quedara lo más amontonada posible. Encima de la rastra, con un pié a cada lado de la esteba, y sujetándose en dos de las sogas ya mencionadas, se colocaba el encargado de que la recogida fuera pareja. En las dos sogas restantes, (una en cada extremo de la rastra) solíamos engancharnos los más pequeños de la familia y algunos no tan pequeños para terminar casi siempre “enterrados” en la parva. Finalmente se usaban las horcas de madera para formar un cono cuyo declive permitiera que el agua, en caso de lluvia, se deslizase por el mismo sin penetrar en su interior.

El próximo paso consistía en separar el grano de la paja (aventar) siempre y cuando el viento lo permitiera, habida cuenta que a veces soplaba con tanta fuerza que se llevaba parte del grano al montón de paja y otras lo hacía con tan poca fuerza que ambos volvían a caer juntos, perpendicularmente, al lugar que antes habían ocupado, resultando el trabajo, por lo tanto, infructuoso. El último acto de la faena consistía en pasar el montón de grano por la criba para dejarlo en óptimas condiciones de limpieza. Finalmente, y valiéndose de una medida hecha de tablas, llamada barchilla, se llenaban los sacos que más tarde eran trasladados al granero a lomo de las caballerías. La faena de carga y descarga de los sacos estaba generalmente reservada al sexo fuerte. El volumen de lo recolectado se calculaba en fanegas y el peso de las mismas era el siguiente: la de trigo, 43,5 kilogramos; la de centeno, 41; la de cebada, 36 y la de avena, 26. El transporte de la paja hasta el pajar se realizaba también en las “anganillas” ya mencionadas con anterioridad. La paja se almacenaba después en los pajares para alimentar al ganado mular y caballar durante el año y a los ovinos en invierno. Para estos últimos se reservaba generalmente la paja proveniente de la avena. La faena de horquear la paja en el depósito correspondiente (el pajar) era siempre un trabajo insalubre y desagradable no apto para asmáticos, pero en ocasiones resultaba, en general, poco menos que inaguantable. Y ello sucedía cuando la única vía de acceso y salida era el hueco de aproximadamente 1 metro X 80 cm a través del cual se introducía la paja.

Todos estos quehaceres antaño cotidianos, al igual que los múltiples y variados elementos que su práctica requería, fueron desapareciendo. Ya no hay “mulas pardas” en los barbechos y sementeras, ni sembradores, alforja al hombro, lanzando el grano a boleo en las melgas de seis o doce pasos marcadas previamente; no hay segadores que como entonces pueblen el aire con sus canciones; tampoco hay mies en las eras, ni yuntas, ni trilladores. De todo ello hoy sólo queda el recuerdo, a veces teñido de nostalgia, y algunos enseres arrumbados en algún depósito precario, o al aire libre, como mudos testigos de un pasado que en algunos aspectos no fue mejor que el presente, pero que existió y la historia deberá reflejar en sus páginas para conocimiento y estudio de las futuras generaciones. Si aceptamos la premisa de que la senda por la que inexorablemente ha de transitar cada individuo está de antemano marcada por el Destino, tal vez sea conveniente ignorar hacia dónde vamos, en algunos casos, pero malo sería desconocer de dónde venimos y sumamente triste olvidarlo. En la actualidad, todas las labores a que hemos hecho referencia se realizan con poderosas y modernas máquinas: tractores, sembradoras y cosechadoras, en tiempo récord y con el mínimo esfuerzo corporal. A estas bondades hay que agregarle el considerable aumento en el volumen de lo recolectado. Consecuentemente, necio e impropio sería no reconocer que habrá un antes y un después teniendo en cuenta los ingentes beneficios que la misma trajo aparejados, pero también sería injusto desestimar la esencia de aquellas otras labores que, en mi opinión personal, tenían un encanto especial y no poco de arte. Tanto es así que al compararlas, y tal vez por aquello de que se valora más lo que más cuesta, me da la sensación de que estas últimas se han deshumanizado.

Noviembre 16, 2009

Las Plantas Medicinales de la Abuela Genara

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 7:25 am

ACANTO / CARNERA Acanthus mollis L ( Acantáceas)
Descripción: Hierba vigorosa con grandes hojas basales relucientes, con peciolo largo y limbo dividido profundamente en lóbulos dentados. Las flores se disponen hacia el ápice de un grueso escapo florifero y son blancas, de forma irregular, con sólo un labio que es trilobulado.
Ecología: Vive en lugares sombríos y húmedos, como en los bosques de ribera y en las umbrías. Algunas veces se le puede observar en los herbazales que bordean los regadíos y cultivada como ornamental en jardines.
Parte utilizada: Hojas y raíces.
Principios activos: Resinas, taninos y ácidos orgánicos.
Usos: Por sus propiedades expectorantes, tónicas y astringentes se emplea en el tratamiento de afecciones respiratorias y también como antidiarreico por su contenido en taninos.
Dosis: Infuso ( 1/2 cucharada por taza). 3 tazas día después de las comidas. Endulzar con miel.

Noviembre 12, 2009

La Calle de la Paz 1902

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La Calle de la Paz

Calle de la paz 1902

La calle de la Paz, antiguamente calle de Peris y Valero, era una de las principales arterias comerciales de la Ciudad de Valencia. A ambos lados de la calle abrían numerosos comercios. El centro de la misma estaba ocupado por las vías de sendos tranvías como carros que circulaban por su adoquinada superficie al fondo. como vigilante permanente se alza la torre de Santa Catalina, donde durante varios años se a celebrado la fiesta del Hogar de Aras en Valencia. Esta foto se observa al fondo la Iglesia de Santa Catalina.

Noviembre 11, 2009

LAS MAXIMAS AUTORIDADES DE VALENCIA Y ARAS EN LA MUELA DE SANTA CATALINA

Archivado en: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 8:59 pm

Inauguración del Observatori Astronómico A las 19´30 el Presidente de la Generalitad Francisco Camps Ortiz, llegaba al Orservatorio Astronómico de la Universidad de Valencia, donde fue recibido por el Rector Don. Francisco Tomas Vert, y Compañeros de la Universidad, el Alcalde de Aras y sus concejales e invitados. El Rector fue presentando a todas las Personalidades, y dando paso a descubriór la placa conmemorativa con el nombre del Presidente de la Generalitat y fecha de la inauguración.
Despues el rector de la universidad dió el discurso de la inauguración y explicaciones del observatorio una vez terminado. Se visitaron las instalaciones con el President. Tambien pudimos ver algun conseller más, entre ellos Fon de Mora. Después de ver las instalaciones se pasó al vino de honor, la noche no estaba clara por que hacia poniente, pero se podían ver bien las estrellas. Creo que el Presidente no olvidará la visita a Aras de los Olmos y los areños queremos que no se olvide de nuestro pueblo.

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