Blog de Araseventos

diciembre 21, 2010

DOMEÑO en los Archivos de la Serrania 1950

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 7:07 am

NOTAS GEOGRAFICAS. A  sesenta  kilómetros de la capital  y a no mucha distancia de la carretera de Valencia-Ademuz, el pueblo de Domeño,  uno de los que mejor acusan las características de nuestra serranía, se nos ofrece como bella perspectiva que se divisa desde la ya mencionada carretera. Su núcleo urbano, levantado al abrigo de los elementos, da la impresión de hallarse protegido por un muro de montañas, por cuyas encrespadas faldas parecen trepar sus más de trescientas edificaciones, entre las que sobresale la iglesia parroquial, dedicada a Santa Catalina.

Un viejo castillo o, más exactamente, los restos de lo que en algún  tiempo lo fuera -vigilante fortaleza de la época romana- nos pone de relieve la remota antigüedad de Domeño y de sus orígenes, acerca de los que no hay duda alguna en considerar romanos, pues plenamente comprobado está que entre la cadena de castillos protectores del valle  de Chelva -entoces Sylva o Selva, ya existía el castillo de Damina, a cuya sombra nació Domeño.

Domeño, que llega a nuestros días perteneciendo al partido judicial de Chelva, extiéndese a través de 6.348 hectáreas, total de su término municipal, en el que 1.873 hectáreas son dedicadas al cultivo, siendo 74 de ellas tierras de regadio y el resto de magnífico secano, en el que principalmente se dan cereales y olivos, con una buena producción de aceite, sin descontar los frutos, que se dan indistintamente, en el secano y en regadío,  en éste con excelente resultados, así como se dan otros muy ricos productos de las huertas, regadas por las aguas de los ríos Chelva y Turia o Gudalaviar, que también – y principalmente por estos lugares- recibe el nombre de río Blanco, origen  de su denominación árabe de Guadalaviar, debido a la blancura de sus aguas, por el caolín  que las mismas arrastran, pues además de su ya mencionada  riqueza agrícola, Domeño posee minas de esta tierra blanca, empleada para la fabricación de ricas porcelanas.

El gran poeta valenciano  -poeta, periodista, historiador y geógrafo- don Teodoro Llorente, nos da cuenta de su visión de Domeño en el siguiente párrafo, que literalmente transcribimos: <Domeño, que se encarama por la falda de un escabroso monte, al que sirve de cimera vetusto castillejo, vemos confluir entre agretes riscos al riachuelo de Chelva con otro, algo más crecido, que aqui llaman río Blanco, lo mismo que lo llamaron los árabes (Guadalaviar) y que más abajo recibe el ilustre nombre de Turia.>> Descripción somera, con la que el insigne escritor finaliza su adentrada en la zona montañosa del país, conocida por la Serrania.

El término municipal de Domeño, que adopta una forma prolongada y bastante irregular, limita, por el Norte, con Calles e Higueruelas; por el Este, con Higueruelas y Loriguilla; al Sur sigue limitando con Loriguilla, Villar del Arzobispo y Losa del Obispo, y al Oeste, con Chelva y Calles. dentro de sus límites y como queda dicho, además de la abrupta orografia, correspondiente al sistema montañoso Ibérico en su parte más pr´9oxima al litoral mediterráneo, la hodrografia queda representada por los ríos aludidos -Turia y Chelva- , siendo de observar que si bien es más importante el primero que el segundo, es a éste al que Domeño debe la mayor cantidad de agua que riega sus tierras.

La altura de Domeño, con relación al nivel del mar, puede darse como correspondiente a los 356 metros, si bien su puente sobre el río Chelva, está sólo a 278 metros y la iglesia parroquial a 320, nivel éste que muy bien podría ser considerado como medio. Este alto nivel, las características  de su terreno, la proximidad de bosques magníficos con pinares espléndidos, y cuantos factores geográficos  en Domeño concurren, hacé que éste sea un lugar francamente  sano y apacible, en el que,sobre todo los veranos, son de una placidez casi paradisíaca, pues la feliz concurrencia de montes y de ríos ofrecen un conjunto realmente maravilloso, al que aun debe ser añadido el agradable trato de sus habitantes – 827 según las estadisticas-, todos ellos personas que responden a las mejores virtudes de los valencianos de la serranía, en la que se dan altos valores de entereza, sinceridad y humana comprensión, siendo igualmente todos católicos de encendida fe y con un profundo sentido de valenciania.

DOMEÑO EN LA HISTORIA. Conforme ya quedó apuntado, remóntase los orígenes de Domeño a los tiempos  mismos de la dominación romana en nuestras península, pues no sólo el perfecto conocimiento del castillo de Damina así lo atestigua, sino que son también los hallazgos de lápidas e inscripciones, unas completas y otras tan sólo en fragmentos, pruebas evidentes de que ya los romanos fueron habitantes de lo que hoy es Domeño. Entre las inscripciones completas a que emos echo alusión, recogemos el texto de una cuya transcripción literal dice así: <<L.VALERIO TEMPESTIVO POMPEHIA MARITO ET SUBI>>, o, lo que es lo mismo: <Valerio Tempestivo su marido y para sí>>.

De que tras los romanos llegaron los godos, tampoco puede haber duda: reinando el rey Wamba, monarca bien famoso por cierto, al tener éste que deslindar los términos episcopales de Valencia y Segorbe, utiliza al Castillo de Domeño como punto de referencia, marcando una linea límite que va “desde la muela de Bicorp hasta el castillo de Domeño”.

Cuando los árabes conquistan la península, Domeño, al igual que los demás pueblos de la Serranía, entre los que se encuentra, es ocupado por los invasores, que mantienen su influencia plena, como tales árabes, hasta el siglo XIII, prolongándose de una manera dicha influencia hasta el siglo XVII, en el que, definitivamente, desaparecen los últimos vestigios islámicos con la expulsión de los moriscos.

Después de la reconquista por don Jaime I, que llega desde Aragón con la enseña de la Cruz y el estandarte de su corona -posteriormente convertida en gloriosa “Senyera”-, el primero de los señores que Domeño tiene es Juan Alonso de Jérica, el que repuebla de cristianos su territorio, lo que hubo de ocurrir, según los historiadores,allá por febrero del año 1396. De los Alonso de Jérica, Domeño pasó a ser señorío de los caballeros de Ladrón y de éstos al Ducado de Villahermosa, bajo el que permaneció hasta el año 1811, en el que como es sabido, las Cortes de Cadiz abolieron los señoríos.

Tampoco Domeño se libró de ser escenario de las dos guerras dinásticas que tuvieron lugar en el pasado siglo. Ya en la primera de ellas, el cabecilla carlista Miguel Sancho, más conocido por el sobrenombre de “El Fraile de la Esperanza”, fue el primero que entró en Domeño para recibir de éste recursos económicos. Tras de el , Jose Arévalo, Cucala y Merino, entre otros menos nombrados, llegaron hasta Domeño, ora por dinero, ora por víveres. ora por hombres, siempre con el mismo afán de poder proseguir su lucha en favor de la causa que defendían, y todo ello a pesar de que el castillo, rehabilitado en el año 1839, había sido ocupado por las tropas del general Aspiroz, tanto con objeto de favorecer el paso de los convoyes como con el de imponer respeto a los valientes cabecillas del tradicionalismo.

FOLKLORE Y VESTIDOS. Tiene Domeño una propia personalidad, que se mantiene con linea definida y diferenciada, incluso de los municipios aledaños de la misma serranía , y esa personalidad, reflejada en sus bailes –Danzas de Domeño-, han llegado hasta nuestros días con todo su sabor típico de la montaña valenciana. Tiene sello propio y aun cuando puedan relacionarse con antecedentes de uno y otro orden, es lo cierto que dichas danzas son únicas y hay gran interés en que no se pierdan para el estudio de los estenógrafos, musicólogos y amantes del folklore.

Complemento de las danzas a que hemos aludido, los trajes de las domenitanas , formados por el corpiño negro u oscuro y las amplias faldas de anchas franjas de colores vistosos, faldas no muy largas que dejan ver más de media pantorrilla enfundada en media blanca, forman un conjunto armonioso, que si por los pies termina con la típica alpargata abierta,  propia de la tierra montañosa, por la cabeza remata con su vistoso pañuelo de seda, muchas veces seda natural, con el que jóvenes serranas domenitanas enmarcan la belleza de sus óvalos atractivos, que, despejados del pañuelo de cabeza, permiten contemplar el peinado típico de moño bajo con agujas y peinetas, todo ello en perfecto conjunto femenino, sencillo y elegante, como son en general las mujeres de Domeño,  airosas como las brisas de sus montañas y esbeltas como los pinos de los montes circunvecinos.

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