Blog de Araseventos

abril 17, 2012

Rutas de Cuevas de Piedra en Aras de los Olmos

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:44 am

Nº 41 El madroño.  A lo largo de la historia, muchas generaciones han extraído de los que serían campos de cultivo las piedras que impedían que se labrara, así como el crecimiento correcto de las semillas. Estas piedras han servido para construir los márgenes y los muros de piedra seca, que protegen y limitan los campos y, en algunos casos, también las propiedades.

 Los márgenes o muros de piedra seca están en las pendientes conformando los bancales o terrazas, y así se consigue ganar terreno cultivable en los lugares donde antes el pendiente lo impedía. Estas construcciones permiten frenar la corriente del agua de la lluvia, así como retener la humedad y prevenir la erosión. Los márgenes son el elemento más sencillo y a la vez el patrimonio más común de la piedra seca.

 Márgenes de despedregar. Despedregar constituyó durante diferentes generaciones un trabajo que ocupaba las horas muertas y se traducía a menudo en la construcción de  márgenes y paredes. De esta forma se convertían los terrenos en cultivables y a la vez se aprovechaba para dividir la propiedad, almacenar los pedruscos y, en terrenos inclinados, prefigurar los bancales o escalonamientos que a continuación se llenaban con tierra y pasaban a ser cultivo. En lugares con predominio de la arquitectura de falsa cúpula, la existencia de la cabaña o barraca también respondía a esta necesidad de desproveer el campo de piedras.

 La arquitectura de piedra seca para la actividad agrícola y ganadera. Corresponden a construcciones que hacían la función de cubierta de herramientas y lugar de descanso. Los Serranos las utilizaban cuando las herramientas del campo requerían permanecer allí más tiempo y para protegerse de las tormentas cuando las fincas estaban lejos del pueblo. Esta es la Nº 41  la  más lejos  de la población.

 La técnica consiste en ir sobreponiendo las piedras horizontalmente sin pulir, allanadas, bien aparejadas entre si y con un ligero pendiente. La hilada superior se decanta hacia el interior, formando anillas de piedra de radio decreciente hasta la cúpula, que se cierra con una o varias losas. A veces, encima también se pone una capa de tierra y arcilla e incluso fijadores vegetales, como los lirios.

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