Blog de Araseventos

septiembre 17, 2012

Horas Inolvidables

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 7:28 am

Horas inolvidables en el campo en mi Juventud.

Es muy posible que me diera cuenta de que, estando acompañado, no vivía la Naturaleza con la intimidad y la emoción con que la sentía en soledad, y fuera este el motivo por el que en muchas ocasiones iba solo por caminos y parajes lejanos. Seguramente era el deseo de conocer y vivir íntimamente lo remoto, y también, de sentir el viento y el sol en mi rostro, de oler la vegetación y la tierra, de oír el aire soplar entre hojas y ramas, de ver los pajarillos revolotear de rama en rama, de oír su piar seductor y alegre, de sentirme en medio de la inmensidad del paisaje hermoso, de ver las aguas mansas, rutilantes y cristalinas de un arroyo, o río, de mojarme con su frescura, de oler la vegetación jugosa de su vega. A veces me cruzaba en el camino con algún paisano agricultor; solían ir sobre una mula y llevaban otra detrás sujeta por la rienda; amenizaban perezosamente su larga cabalgada bajo el sol ardiente con alguna melancólica tonada copla. Antes de que nuestra marcha nos pusiera de espaldas, intercambiábamos el amable saludo en uso: «vamos para  allá», decía el primero; «allá vamos», respondía el otro. Cuando, siendo mayor, conocí otras tierras, pero no me sorprendió ver muros de piedra separando unas fincas de otras y éstas de los caminos, porque en campos más pequeños estaban en mi pueblo Aras de los olmos.

Recuerdo multitud de momentos hasta ahora inolvidables: En una mañana soleada, aunque algo fresca, cogía dos vainas de habas granadas de las matas que había junto al camino que seguía al molino, y continué la marcha comiéndolas. En una mañana calurosa, y también soleada, que fui a la canaleja por la carretera y volví por un camino vecinal, vi cerca de tejería unos albericoques grandes que pintaban en unos frutales y, aunque no estaban del todo maduros, cogí uno y continué mi camino comiéndolo. En otra mañana, y con igual tiempo, estaba en el Río aprendiendo a nadar, ayudándome con un fajo de junco s como flotador; antes de nada tanteé el fondo del entorno con los pies y me llevé un buen susto porque fui a asentar un pie y no toqué fondo, por lo que tuve que bracear al revés a toda prisa para salir de donde vi que me cubría. Otra tarde, pero esta vez en la balsa,  en la balsa del Molino la Jarra a tres kilómetros de Aras, estaba cogiendo en su barranco unas matas de poleo para mi familia que venían de Valencia, Poleo que hacía mi madre en pequeños manojos, que luego se lo llevaban a valencia. Y así, multitud de otras marchas por el monte.

 El primer día de pesca  en mi vida estuvo en la siesta de un mediodía en el río Turia. Había  un niño que iba solo por río y, en la zona de aguas someras y transparentes cercana a la orilla, donde había muchos pececillos sorteando los grandes cantos rodados del río, intentaba coger uno atrapándolo en la cuenca de sus manos, nos pusimos los dos juntos y cogimos tres, eso fue para el y para mi la primera pesca, este niño se llamaba Manuel Antón.

Fernando Pérez. Araseventos.

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