Blog de Araseventos

octubre 11, 2012

Recuperación de datos 1903

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:20 am

Relatos de antaño encontrados en  un bausero con fecha agosto de 1903

La trilla, aunque era pesada, no lo era tanto como la siega. Mientras se molía la mies, que se hacía dando vueltas por la era con el trillo, al que no le tocaba ir en el trillo podía estar sentado en la sombra de la higuera. Después de que la mies estaba molida si hacía aire se procedía a separar el grano de la paja. Esto sí que es muy laborioso al consistir en lanzarlo al aire por medio de las horcas: el aire se lleva la paja y el grano como pesa más se queda abajo en un montón. Una vez limpio de paja se procedía al cribado, con la criba. Y terminada su limpieza se metía el trigo en las talegas o sacos y se llevaban al granero. Si no hacía aire amontonábamos la parva (trigo más paja) y acarreábamos más mies para trillarla al día siguiente.

 Para esta faena de la trilla, las tormentas son malas, pues si aparecen tienes que amontonar la parva y barrer  la era para que el grano se moje lo menos posible. Y esto, claro, era muy costoso.

  La trilla solía durar hasta mediados o finales de agosto. La faena más pesada era entrar la paja al pajar. Consistía en echar en una manta o paño la paja y, al hombro, subirlo de la era al pajar que solía estar en alto. Polvo, paja, sudor, todo nos daba en el cuerpo. (¿Duchas? ¿Qué me dices?) Durante la estancia en la masada se bebía agua de balsa, recogida de las lluvias, un agua especial (especialmente buena) para cocer las judías. Las balsas estaban llenas de cucharones y en ellas no era raro que algún perro se refrescara metiéndose dentro. Con todo y con eso, el agua era muy buena y las amistades que no iban al monte te pedían que les llevaras ‘agua de balsa o de navajo’. Claro que entonces no existían los sulfatos. Las balsas se llenaban de las tormentas.

 Terminada la recolección se preparaba el regreso al pueblo. Los pollos ya necesitaban un cajón mayor pues habían crecido, las gallinas con las crestas tan encarnadas ponían más huevos y éstos eran una delicia. Era costumbre que para las fiestas de septiembre se le regalase un pollo al médico. Un pollo de verdad.

Fernando Pérez. Araseventos.

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