Blog de Araseventos

enero 25, 2013

La Familia, Abuelos, Hijos, y Nietos.

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 7:28 am

Hace mucho…que me vengo dando cuenta…que ya los abuelos no tienen ese lugar privilegiado que tenían años atrás…excepto algunos privilegiados…ahora no son respetados…estorban…y lo envían a las residencias…y lo que es peor…muchos son abandonados a su suerte…al igual que a los perros en verano, o al acabar la veda de la caza.

Eso si…solo vale cuando  tienen, que recibir la herencia, o  quedar con los pequeños con esos nietos que se criaran con ellos…mientras sus padres disfrutan o trabajan…ahí son toda utilidad..Pero cuantos estos crecen…retírate que me manchas…

Antes los abuelos tenían el mejor sitio…se le serbia el primer plato…y eran los mejor y respetado de las familias…al menos eso es lo que siempre he vivido yo.

Por eso pongo esta reflexión…para que recordemos que nuestros abuelos…y nuestros mayores…son digno de tener el mejor lugar y cariño de la casa…porque un día…nosotros con suerte también llegaremos a ser mayores…y estaremos esperando una muestra de cariño por parte de los nuestros.

Un viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años, ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacían el alimentarse un asunto difícil. Los alubias caían de su cuchara al suelo de y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situación. “Tenemos que hacer algo con el abuelo”, dijo el hijo. “Ya he tenido suficiente, derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo”. Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del  comedor. Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado sólo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de cuatro años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el padre observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo. Le preguntó dulcemente: “¿Qué estás haciendo?” Con la misma dulzura el niño le contestó: “Ah, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.” Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer. Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos. Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Los niños son altamente perceptivos. Sus ojos observan, sus oídos siempre escuchan y sus mentes procesan los mensajes que absorben, y nunca mienten, otra cosa es cuando se hacen mayores. Si ellos ven que con paciencia proveemos un hogar feliz para todos los miembros de la familia, ellos imitarán esa actitud por el resto de sus vidas. Los padres y madres inteligentes se percatan que cada día colocan los bloques con los que construyen el futuro de sus hijos.

Seamos constructores sabios y modelos a seguir. No destruyamos las Familias.

Hay que subrayar que en general los abuelos asumen encantados su nuevo papel, ya que lo toman como una nueva oportunidad que les da la vida; en lugar de trastos viejos e inservibles, se sienten útiles y los niños les hacen recuperar una juventud ya lejana y el contacto con una nueva generación les hace “mantenerse en forma”.

Otros, sin embargo, aceptan la nueva situación sólo por ayudar a sus hijos, ya que saben que de otra forma no podrían trabajar. Por último, hay abuelos que ante esta situación reaccionan recordando que ellos ya han educado a sus hijos y reconocen que no tienen salud ni fuerzas para el esfuerzo que supone cuidar a un niño pequeño.

Las tres opciones merecen ser respetadas y ningún adulto tiene derecho a obligar a sus propios padres o suegros para que cuiden de sus hijos. Por su parte los abuelos deben saber decir “no” cuando sientan que les superan las tareas, ya que una cosa es echar una mano y otra muy diferente cargar con una responsabilidad que nos les corresponde, y no suele dar buenos resultados si no se hace convencido y con ilusión.

Es cierto que muchos padres “abusan” de los mayores sin ser conscientes de su verdadera situación emocional y física.

Por ello, antes de dejar a los niños al cuidado de otras manos o antes de hacerse cargo de pequeños cuando hace años que no cambias pañales o corres detrás de un niño en bici, hay que barajar todas las circunstancias y ver el carácter de todos los agentes  educadores de este nuevo modelo familiar.

Al margen de si es una imposición o un placer para los mayores, que abuelos y nietos pasen tiempo junto puede ser una experiencia muy enriquecedora para ambas generaciones. Los niños aportan frescura, curiosidad, espontaneidad afectiva y vitalidad y la mayor serenidad y un punto de vista más reflexivo.

Y es que en la mayoría de ocasiones, los problemas o tensiones no se producen entre abuelos y nietos, sino entre abuelos e hijos. Cuando un padre delega el cuidado de su hijo en sus propios padres o en sus suegros, debe respetar la forma de actuar de éstos. Al pasar mucho tiempo con los niños los abuelos educan y su modelo es personal aunque difiera en las formas del de los padres.

Por ello, es importante que entre las tres generaciones se dé una relación de respeto, cariño y equilibrio. Así, los padres deben entender que cuando el niño está con sus abuelos estos son los que ponen las normas, y los mayores deben intentar educar manteniendo la misma línea que tiene el menor en su propia casa, para que el niño no se sienta desconcertado por la contradicción.

Para que la relación de las tres generaciones sea buena, no olvides…  Que todos por norma llegaremos a ser mayores.

Fernando Pérez. Araseventos.

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