Blog de Araseventos

mayo 15, 2013

Tiempos de la Agricultura años 60.

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 6:06 am

SAN ISIDRO LABRADOR PATRONO de los AGRICULTORES.  


La fiesta de san Isidro Patrono de los agricultores en Aras se ha perdido, igualmente que sus concursos de labranza, que se celebraban en este día 15 de mayo. La agricultura de secano ha ocupado tradicionalmente el esfuerzo de la mayor parte de nuestras gentes. Aras de Alpuente hoy Aras de los Olmos, es un pueblo agrícola con cultivos típicos de los serranos cerealistas; trigos, cebadas, centeno, avena, viña ect.ect.

Desde los primeros pobladores de estas tierras, sus vecinos apostaron por la agricultura, la ganadería. Se dieron cuenta del admirable complemento mutuo existente entre ganadería y agricultura. De la ganadería tomaría la agricultura las bestias de trabajo (asnos, nachos, mulas…) y sus estiércoles. La ganadería recibiría a cambio unos piensos difíciles de encontrar habitualmente en el medio natural: cebada, avena, yeros, paja…
Hasta los años 60, el agricultor trabajaba de sol a sol en el campo, ayudado por los sufridos animales de tiro, y a veces, también con sus mujeres en las tareas del verano. La mecanización alivió los trabajos tan duros y prolongados del verano, así como las inclemencias de los inviernos. Con gran rapidez desaparece el ganado auxiliar de la explotación (machos, mulas y burros) así como el instrumental de la hoz, el trillo, dando paso a la trilladora y a la segadora y posteriormente a las cosechadoras.
Las tareas del campo iban muy ligadas antiguamente a las fiestas santorales. De tal manera que a partir de San Miguel (29 de septiembre) las ovejas apuraban los últimos rastrojos y los agricultores preparaban los aperos para la siembra. Tras las primeras gotas del otoño, se daba la primera vuelta con el arado, con la función de airear la tierra y enterrar las pajas de la cosecha anterior.
Labrar era uno de los trabajos menos evolucionado: el arado romano de una sola reja, marcaba un sólo surco en cada pasada. El mástil del arado se uncía al yugo que arrastraban las caballerías; la esteva, asida por mano firme, permitía dirigirlo para tirar los surcos rectos, pero apenas se arañaba la superficie de la tierra y sólo se sembraba la capa más superficial, haciendo imprescindible el barbecho. Según la calidad de la tierra se adoptaba un sistema de rotación anual en las siembras: (trigo-cebada-barbecho) o (trigo-cebada-leguminosa), para dar tiempo a la recuperación del suelo. Los años de leguminosas (yeros) la tierra descansaba durante el invierno hasta la torna-siembra al principio de la primavera.

Cebada
Tras la primera vuelta había que abonar. A lo largo del año la basura que producían los animales, mayormente sus camas de paja y el estiércol de las cuadras, se echaba en el estercolero del corral; Cuando ya no cabía más en el corral se subía a la era. Como en tantas cosas de la vida, en la basura también hay calidades, la mejor es la gallinaza de las aves y la de oveja y cerdo, aunque todas en mayor o menor medida benefician la tierra.
En octubre, la basura se acarreaba a las tierras y descargaba en pequeños montículos, desde los que se repartía con la horca y la cesta de mimbre.     Transportar el abono de las cuadras a las tierras era un trabajo costoso y duro, por ello la siembra se alargaba durante casi un mes. El peso del abono no permitía llevar grandes cantidades, y, si las tierras estaban alejadas, se hacía más difícil el transporte.
En tiempos más modernos se tiraba también un poco de mineral para reponer los nitratos del suelo. Los sacos de nitrato y fosfato se acarreaban a las tierras donde se mezclaban a pala, lo cual suponía un duro trabajo. Tras el abonado venía muy bien un poco de lluvia para que los nutrientes calasen, pero sin mucha abundancia, pues mucho agua los dispersaba. Se daba otra vuelta para cubrir abonos y a finales de octubre según viniera de adelantado el año empezaba la siembra.
Una de las tareas que se llevaba a cabo con el trigo antes de sembrarlo era la siguiente: La noche anterior se hacía un montón de trigo, aproximadamente lo que se fuera a sembrar al día siguiente. Se deshacía un trozo de piedra lipe en un recipiente, por ejemplo un caldero, y posteriormente con una escoba se “asperjaba” el trigo a medida que se lo daba vueltas con una pala. Esta operación se llamaba encalar el grano, evitando la enfermedad del “tizón”.
Piedra lipe es el sulfato de cobre de toda la vida. Ese que te venden en droguerías y es de color azul con forma de pedrusco. Actúa más como fungicida que como insecticida, aunque en los antiguos tiempos se usaba en los graneros para proteger el cereal de los gorgojos.

mula-labrando

La siembra a voleo era un trabajo muy cualificado. El sembrador con el costal al hombro lanzando puñados de grano cubría entre 5 y 8 surcos, procuraba un reparto uniforme para que no se formasen montones o calvas, otra de las formas y más usada era al surco.
El trigo es un cereal muy riguroso y las labores de preparación de la tierra y sementera debían hacerse a su tiempo, si la siembra se retrasaba llegaban las heladas y arruinaban las cosechas. En Aras de Alpuente los inviernos son muy fríos, son días en los que se sale menos al campo, según viniera de adelantada la primavera, hasta marzo o abril no había que hacer mucho más en las tierras sembradas.
Al principio de la primavera los cultivos han echado buena raíz y han explotado de verde, es el momento de binar con la reja o aricar para romper el cortezón que la lluvia y el viento han formado durante el invierno; también se echa otro poco de nitrato. Antes de que nazcan las espigas hay que escardar; hombres, mujeres y mozos recorrían las tierras surco a surco, con sólo sus manos y la azadilla arrancando cardos y malas hierbas.
La labranza de nuestros abuelos era fruto de una experiencia acumulada durante más de dos mil años, idéntica en sus datos generales.
El sacrificio de ellos, su vida llena de privaciones y de necesidades, la alegría pura que traía el levantar las gavillas, el llevar la comida a los segadores, el gobernar los Machos, las mulas, burros durante la trilla, el encerrar el trigo en los graneros y el asistir al horno mientras se cocía el pan, hacen que los que recuerdan aquellos tiempos, sientan nostalgia, un sentimiento que embarga y hace sentir un “nudo en la garganta” al recordar los detalles de aquella vida campesina. Y los que en los días de hoy miran hacia atrás y ven el sacrificio de tiempos pasados no se puede que menos heredar un sentimiento de admiración hacia los que un día construyeron nuestro preciado pueblo, hoy Aras de los Olmos.

Recopilación de datos: Fernando Pérez. Araseventos.

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