Blog de Araseventos

septiembre 24, 2015

La Vendimia de Antaño.

Filed under: Arte y Cultura — arasdelosolmos @ 2:13 am

Llegamos a la viña y empezamos a vendimiar. Cortábamos con alegría los primeros racimos, ya tan oscuros que sabíamos que el vino iba a tener los grados necesarios para buen vino.

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Por eso no se puede vendimiar todos los años en la misma fecha. Ese año se había portado bien y había traído el agua justa.
Una vez cortados los racimos los echábamos en los cestos. Una vez llenos, los llevábamos a los banastos de mimbre, que se transportaba cada dos en un macho, y donde había carril estaban el carro que lo transportaba. Cada banasto pesaba alrededor de cinco arrobas, lo cual era bastante a la hora de descargarlos.
Tras una agotadora jornada, a media mañana vimos venir a mis hermanas con los canastos en la cabeza, bien sujetos por el rodete y tapados con su mantel blanco. Ya casi podíamos oler el puchero del manjar que nos habían preparado. De repente las vimos dejar en el suelo los canastos y salir corriendo. La diversión de Aras era sentamos a almorzar. Nos terminamos el puchero de dos ansas, regado con el vino fresco. Mi hermano, con el carro ya lleno, salía hacia la bodega para descargar la uva en él cubo. Mi padre y yo seguíamos nuestra tarea hasta la hora de comer, justo cuando volvía mi hermano con el carro. Todos juntos devoramos el cocido.
Por la tarde, nos fuimos todos a descargar los últimos banastos del día. Ya habíamos acabado la jornada de trabajo. Nos juntamos con los otros vendimiadores. Nosotros nos bastábamos para recoger nuestra uva; sin embargo, otras familias que tenían majuelos, necesitaban la ayuda de cuadrillas de vendimiadores.

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Los más pudientes llegaban a contratar hasta tres, con sus respectivas yuntas de animales.
Volvimos al pueblo, todos los mozos juntos, cantando, dispuestos a ir al baile esa noche. A mi no me dejaban entrar porque no tenía la edad, pero me colaba junto con mi cuadrilla. Había dos salones de baile: el del Tío Patricio y el de la Teatro. Cuando mi padre era como yo, el baile era en la plaza, con la rondalla del pueblo. Así era el primer día de vendimias, y así pasamos la siguiente semana.
Tornillo y viga durante los quince días siguientes al último de vendimias, subimos a merendar a la bodega. A mi me gustaba asomarme al lagar cuando la espuma rezumaba por encima de los raspajos, era la señal de que el mosto estaba a punto. Se abría la boquilla para que cayera a la pila. Esos quince días era lo que se precisaba para que fermentase la uva junto con el hollejo, lo que permitiría al vino alcanzar el color tinto y la graduación alcohólica justos.
Habíamos echado la uva en el lagar junto con otras seis familias con las que compartíamos el lagar. A nosotros nos correspondían doce carros, que era la proporción en que se divide cada lagar. Después de echarla, la habíamos pisado hasta dejar una masa líquida.
El siguiente paso, que a mí me resultaba bastante pesado, hasta llegar a la elaboración del mosto era construir el castillo. Sobre la uva ya pisada se ponían unos tablones que presionarían sobre la uva. Sobre estos, se colocaban las guías, los marranos, los sufridores y el puente, que sostenía la viga. Entre esta y la carga se ponían las espadas. Untábamos con jabón el husillo y le girábamos hasta que la piedra quedaba libre. El peso de la piedra que colgaba de la viga era lo que hacía que el castillo hiciera su tarea.
Una vez que dejó de salir mosto de la pila, bajamos la piedra para dar un corte a la uva y amontonarla sobre sí misma, para volver a prensarla con el mismo castillo de antes. En ese primer corte, mi padre con un hacha dejaba una calleja en la cual se veía la boquilla de salida del mosto.
El mosto fue trasegado a cubas de roble, que los toneles habían montado dentro de las cuadras. Dentro de las cubas, el mosto se transformaba en vino. Mientras fermentaba era muy peligroso trabajar en la bodega: el tufo podía asfixiar a quien bajara. Por ello siempre se bajaba con un candil de petróleo encendido. Si la llama se apagaba salíamos deprisa, ya que era la señal de que el oxígeno se había consumido, aunque las bodegas tenían zarceras que servían de respiradero. Mi padre me contaba que, a pesar de estas precauciones, alguien había fallecido hacía un tiempo.
Cuando agotamos todo el mosto del lagar, subimos a recoger el orujo que quedaba en el lagar para venderlo a las alquitaras que venían al pueblo, que fabricarían aguardiente y alcohol de 90 grados.

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El mes de enero del año siguiente el bodeguero de la bodega. Este señor era quien, con una taza de plata, cataba el vino para saber su calidad. Me gustaba verles sacar el vino de los cubos con los pellejos. Cuando lo llenaban lo ataban con una mano, ya que la otra sostenía el candil para poder ver dentro de la bodega. Se lo echaban a la espalda para llevarlo a casa o lo subían los pellejos a los carros. Cada pellejo pesaba hasta diez arrobas.
Nuestro vino, el de todo el pueblo, era de los mejores de la comarca. Por ello venían a comprar el vino taberneros y comerciantes de muchas partes, incluso de lugares como San Sadurni de Noya, la Rioja. Mi abuelo me contaba que antaño se llegaron a producir 300.000 cántaros, llenándose el lagar hasta la viga varias veces.
El vino siempre había sido nuestro principal recurso, por eso se monto la Bodega cooperativa San Marcos, donde sus vinos el blanco Alto Turia, se cosecha al noroeste de la provincia, donde se incluyen los municipios de (Alpuente, Aras de los Olmos, Calles, Chelva, La Yesa, Titaguas y Tuejar). Son tierras de altas cumbres, rigurosos inviernos y secos veranos, las uvas se cultivan entre los 700 y 1.100 metros de altitud. La practica totalidad de las variedades cultivadas son blancas entre las que destaca la meseguera y la macabeo, con las que se elaboran unos vinos frescos y muy afrutados. Fue premiado como el mejor vino de Europa, aunque años después por temas que no voy a comentar, empezaron arrancar viñas para cultivar Almendros (las subvenciones) y ahora todo se esta perdiendo.
Este año 2015, año de mucha calor según personas consultadas con más de 80 años, nunca avían visto año como este, así que la uva es sino fuera por el granizo que a caído a tocado mucho la uva pero saldrá buen vino, ya que a llovido bastante, las almendras no hay muchas pero el grano será buen tamaño, y se pagara bien.

Fernando Pérez. Araseventos.

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