San Blas

Bendito sea, San Blas,                                                     
por ser lo que siempre has sido
patrono de la garganta
puro como el trigo limpio
cuando tan malo me vi
alli acostado en mi cama,
apenas sin conocimiento
y ahogado de garganta,
quice dias nada menos
apenas sin respirar,
y las anginas crueles
cada vez más irritás,
con que a vos,San Blas bendito,
te pido con atención
que nos des salud y suerte,
y nos des tubendición´
eres la mano que cura
de mi garganta, el dolor;
comer pan de San Blas,
y que llegue al cielo mi voz,
el publico me perdone
no me aplaudais con palmas,
todos vivais y vivamos
y en especialmente los de Aras.

“San Blas bendito, que se ahoga este angelito” ¿Quién no escuchó esta jaculatoria, mezcla de oración suplicante y quizá con algo de reminiscencia mágica, cuando se hacía apurada la situación del niño que se tragó una bola o quedó sin respiración cuando el caramelo o el chicle se le coló indebidamente? Al tiempo que la experimentada abuela propinaba a la criatura un buen golpe seco en la espalda o le oprimía el pecho para facilitar la expulsión del cuerpo extraño, se estaba invocando a uno de los santos más populares, cercanos y amables de la antigüedad cuyo culto se extendió durante la Edad Media por toda la cristiandad y ha llegado a nuestra cultura como protector de los males de garganta. Y lo curioso es que de Blas se sabe poco porque su vida sólo se escribió cuando pasaron más de cuatro siglos desde que murió. Naturalmente las Actas están llenas de fantasías que el pueblo había ido amontonando con el paso del tiempo sobre su persona y se recogieron poniéndolas por escrito con las añadiduras que el mismo hagiógrafo del siglo IX tuvo a bien añadir para realzar su amable figura tan invocada y venerada por las generaciones anteriores; y hacían muy bien porque hay que mostrarse agradecidos a las personas que nos hacen favores. Y de esto Blas sabía mucho. Parece ser que nació en Sebaste – actual Sivas -, en la segunda mitad del siglo III. Era un armenio. Dicen que fue médico – entiéndase de cuerpos, como todos los médicos, y no necesariamente laringólogo que eso es especialización ulterior -, pero aseguran también que ejercía del mismo modo, con la misma pericia y con estupenda generosidad la medicina en las almas. Era la caridad la virtud que le impulsaba a hacer el bien, dando consuelo para los remordimientos y paz en las tempestades de dentro. Así que lo eligieron obispo por aclamación de clero local y pueblo, según la usanza propia del tiempo. Las circunstancias externas eran extremadamente difíciles entonces por la persecución de Diocleciano y de sus sucesores, como lo atestigua el martirio de Eustracio, o el de Carcerio, o el de los 40 mártires de Sebaste que dieron su vida por la fe. Cuenta el relato de su vida que aquél sabio y bondadoso obispo Blas se refugió en las montañas y desde allí mantenía contacto con sus fieles esporádicamente y en oculto, consolándoles y fortaleciéndoles con su ejemplo y palabra. Sólo una vez interrumpió voluntariamente aquel autodestierro; fue por la larga visita que hizo a Eustracio en la cárcel la noche antes de su martirio; compró por dinero al carcelero y pasó con su fiel toda la noche confortándolo en el difícil trance, dándole la Eucaristía y dialogando sobre el premio del cielo que se prometía cercano; el alba trajo las primeras claridades y el abrazo puso fin al diálogo. El regreso a las montañas fue el comienzo de su vida como anacoreta retirado en oración y penitencia. Ya que no hay fieles a los que instruir y curar, vienen las fieras, pequeñas y grandes, a darle compañía en su cueva y a recibir la bendición del santo que las libraba de sus males, aunque nunca le interrumpieron durante el tiempo de sus rezos por muy apuradas que estuvieran. Así lo encontraron los soldados del prefecto Agrícola cuando pateaban el monte Argeo en busca de fieras para las fiestas de los romanos en el circo; asombrados lo vieron en escena paradisíaca, rodeado de lobos, tigres, leones, osos, liebres y conejos. Describen la conducción del prisionero Blas por las tierras y pueblos hasta Sebaste como un cortejo triunfal por las aclamaciones de los cristianos y paganos que se le acercan, le tocan, besan sus vestidos, piden su bendición y hasta curó al cerdo de aquella mujer que casi se lo destroza un lobo y, lleno de bondad, sanó la garganta de aquella joven que la tenía atravesada por una mala espina. Llevado a la presencia del procurador, se le juzga por blasfemo y le brindan la oportunidad de salvarse de la muerte con el solo hecho de derramar unos granos de incienso en la pira encendida a los dioses. Como el obispo resiste con firmeza, lo apalean, lo cuelgan de un madero y rastrean su cuerpo con garfios de hierro sin hacerle desistir de su fe. Unas mujeres piadosas asegura el relato que fueron siete tuvieron la osadía de tomar algo de su sangre y untaron con ella sus cuerpos. Bastó este gesto para que fueran culpadas, reducidas, encadenadas y condenadas a morir, incluidos los dos pequeños de aquella buena madre que no dejaban de agarrarse al vestido de mamá. Fue decapitado Blas, con aquellos dos niños; el año debió ser el 316. Su culto se extendió por todo Oriente y luego por Occidente. La fama de taumaturgo se celebró en el templo de Constantinopla consagrado a su nombre. En Armenia llegó a existir la Orden militar de San Blas. A lo largo de la Edad Media se pudieron contar en Roma 35 iglesias bajo su protección, y una privilegiada abadía. En Yugoslavia es el patrono de la república de Ragusa y hasta se imprimieron monedas con su efigie.

Algunos le invocaron como protector de los ganados, pero el mayor eco que encontró en el pueblo es el de protector para los males y enfermedades de garganta. Y no creas que sólo es por el interés de salir del paso por las molestias que acarrea un catarro, un enfriamiento, una infección o un cáncer. Como con las gargantas hacemos los hombres muchas cosas, también se recurre a él cuando hay peligro de renegar de la fe, o se pide su intercesión para los males que originaron las malas confesiones y hasta de las intemperancias en la bebida.

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Festividad de Todos Santos.

 

La Iglesia celebra hoya la festividad de todos aquellos que nos han precedido en su marcha a la Casa de Padre, y que ya están disfrutando de la presencia de Dios cara a cara. Es decir, todas aquellas personas anónimas que ya son santos. Esta fiesta nos recuerda que todos somos llamados a la santidad en esta vida. En los primeros siglos de vida de la Iglesia había un día para recordar a los mártires. El Papa Bonifacio IV (608-615) transformó un templo griego en uno cristiano para dedicarlo al culto de “Todos los Santo”. Y fue en el año 840 cuando la festividad comenzó a celebrarse el 1 de noviembre. Hemos de recordar que muchas fiestas importantes comienzan su celebración el día anterior por la noche, en la misa vespertina de vigilia, es decir el 31 de octubre. En inglés sería All Hallow’s Eve, la víspera de Todos los Santos. Con el tiempo su pronunciación fu cambiado hasta la conocemos en nuestros días Halloween. Esta celebración poco tiene que ver con la importancia del día que hoy celebra la Iglesia Universal, aunque su origen sea el mismo.

 

9 de octubre día de la COMUNIDAD VALENCIANA.

Hoy, 9 de octubre lunes, Aras de los Olmos cielo totalmente raso, Max 28ºC Min 12Cº. Día de la Comunidad Valenciana, se celebran los santos entre otros: San Dionisio, obispo y compañeros mártires. Dionisio, nombre masculino, es el nombre del Dios de las fiestas para los griegos. Formado por Dios, significa “Aquel que mantiene la fe en Dios”   Felicidades a todos los que celebran hoy su onomástica. Amigas/os. Feliz Lunes tengan ustedes y sean felices. Muy buenos días gente de bien.

El 9 de Octubre se celebra el día de la Comunidad Valenciana, ya que el 9 de Octubre de 1238, Jaime I el Conquistador hizo su entrada en Valencia, después de los pactos realizados con rey musulmán de Valencia Abul Djumayl Zayyan el 28 de septiembre de 1238 para la capitulación de la ciudad. Era el dia de “Sant Dionis” (San Dionisio), que para ms señas fue obispo de Atenas.
´ El 23 de abril de 1.238, Jaime I ocupó el Grao de Valencia y estableció su cuartel general en Russafa preparando la toma de Valencia. Días antes del nueve de octubre, los musulmanes de la ciudad de Valencia, desplegaron la “senyal del rey” (La Senyera) sobre las murallas de Valencia en señal de rendición y deseos de capitulación. El 9 de Octubre Jaime I hizo su entrada triunfal en Valencia. Esta fecha nunca fue olvidada y se empezó a festejar a partir del primer centenario (año 1338).
Durante el siglo XV la fiesta adquirió carácter más ruidoso y festivo, desde las azoteas se lanzaban “triquitraques”, “piuletes” y “tronadors”. Con el paso del tiempo la fiesta fue a mas y junto con el incremento del disparo de petardos, se empezó a consumir productos del campo, como aceitunas, chufas, almendras, piñones etc.
Pero después de la Guerra de Sucesión, Felipe V suprimió los Fueros de Valencia y prohibió las celebraciones del día de Sant Dionis. Para sortear la prohibición los valencianos y más concretamente los confiteros empezaron a elaborar “las piuletes” y “tronadors” y las frutas, en marzapan, costumbre que ha llegado hasta nuestros días.
Hay otra costumbre que también ha llegado hasta nosotros, y es “la mocadorà” Consiste en un pañuelo de seda que se llena de los dulces anteriormente citados.
Las cuatro puntas del pañuelo se anudan, dándole forma de bolsa. Este presente se regala a las mujeres en señal de amor y cariño. Hay que considerar que en Valencia, el día de los enamorados es el 9 de Octubre, día de Sant Dionis. Esta costumbre viene desde el mismo día de la conquista de la ciudad, en que las mujeres de Valencia, regalaban a los conquistadores frutas frescas envueltas en pañuelos rústicos.

Nadie es profeta en su tierra si es Altruista-

Nadie es profeta en tierra y más si eres altruista: Se aplica a quien obtiene buena reputación fuera de su lugar de origen, cuando en éste no pudo disponer de los medios adecuados para alcanzarla, en ocasiones por envidia o enemistad. También se emplea para aludir a quienes se han visto obligados a abandonar su tierra natal precisamente para conseguir en otro lugar lo que se a negado en el suyo: la posibilidad de desarrollar sus aptitudes. Porque una persona altruista tiene una actitud altruista, o sea, tiene un comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias, un comportamiento de ayuda a los compañeros que están en peligro, un sacrificio personal por el beneficio de otros, es la preocupación o atención desinteresada por el otro.

Fernando Pérez: Asociación Cultural. Araseventos.